lunes, 19 de octubre de 2015

Cuento - Proyecto Aislamiento

Tener que vivir 365 días encerrado solo, no me pareció una tarea tan difícil para alguien como yo, una persona solitaria y con un gran poder de autocontrol. Pero hoy, a solo un día de salir del aislamiento, creo que mi decisión de participar de este proyecto no fue del todo una buena idea.


Al ingresar no me dieron demasiadas explicaciones del experimento, nunca supe que esperaban que yo haga dentro. Supuse que sería una investigación de la NASA asociado al tiempo de aislamiento al que los astronautas deben enfrentarse en los viajes espaciales, pero ahora… estoy seguro que no se trata de nada de eso.

Recuerdo cuando ingrese al bunker de aislamiento, estaba emocionado. Adentro todo era blanco y resplandeciente, las paredes estaban cubiertas por grandes espejos, y solo había un objeto que rompía la monotonía, un sobre rojo encerrado dentro de una caja de cristal, ubicado encima un pedestal en el centro de la habitación.

Las únicas órdenes que recibí antes de entrar fueron que lea el manual de instrucciones que estaba en la mesa y que por nada del mundo abriese el sobre rojo.

Los primeros días me dedique a estudiar el manual y seguí las rutinas que me sugerían al pie de la letra. Busque más información acerca del sobre y su contenido en las páginas del manual, pero la única referencia que encontré fue la orden “No abra el sobre rojo”. 

Aquí tenía todo lo necesario para sobrevivir, comida, agua, equipamiento para ejercitarme y una gran variedad de libros. Al principio me mantuve ocupado sin pensar en mi situación de encierro, solo leía y pasaba el rato, pero en ningún momento logré dejar de estar pendiente del sobre rojo, que se reflejaba en todos las paredes resaltando su color. Me era imposible no estar pendiente de él. 

Las paredes espejadas fue lo que primero afectó mis nervios. Comencé a sentirme observado, una rata de laboratorio. Poco a poco comencé a perder mi capacidad de concentración, ya no podía leer, dormir ni pensar, siempre terminaba enfocándome en ese maldito sobre rojo.

Creo que el silencio absoluto y no poder hablar con otras personas fue la gota que derramó el vaso. La solución a ese problema fue mover la mesa hacia una de las paredes para poder sentarme frente a mi reflejo y así sentirme acompañado. Hacía de cuenta que estaba sentado frente a otra persona, yo preguntaba y el respondía. Esto me ayudó por algún tiempo, hasta que mi reflejo comenzó a comportarse como un idiota, se reía de mis sentimientos, me juzgaba y solo quería criticarme por no tener el valor de romper las reglas y abrir el sobre que tanto nos estaba nos daba que hablar. Ver mi reflejo burlándose de mi comenzó a ser otro problema, otra obsesión.

Encontré la solución vendandome los ojos. Anulando mi vista ya no estaría pendiente de aquello que me obsesionaba, pero entonces mi reflejo comenzó a hablarme, a reírse de mi hasta el punto que llegue a odiarlo.

Mi situación empeoraba día a día, sabía que no estaba loco, estaba consciente de mis pensamientos y mi situación, me forzaba a seguir las rutinas del manual, sin embargo había algo dentro de mí que no podía controlar. Me sentía con el control de mi cuerpo, pero no tenía control de mi mente.

Luego de varias semanas de intentar ignorar su voz decidí quitarme la venda y enfrentarme al sobre. Comencé a analizarlo, pasaba horas sentado delante mirándolo ¿que habría en su interior? Todo tipo de posibilidades se pasaron por mi mente, desde que habría algún tipo de enfermedad encerrada hasta que el sobre estaba vacío, llegue a pensar que el experimento tal vez no era sobrevivir un año aislado, tal vez ellos querían ver cuánto tiempo una persona puede tardar hasta romper la única regla que le imponen, de todas formas yo nunca me doy por vencido y me propuse a soportar los 365 días sin abrir el sobre rojo y aquí estoy, a solo un día de salir del encierro.
Para mi ya nada será igual, esa voz que siempre supe que estaba dentro mío ya nunca dejará de mortificarme, mi vida ya no será la misma, pero nadie podrá decir que soy uno de aquellos que ceden ante la presión y terminan abriendo el sobre rojo.

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