lunes, 3 de agosto de 2015

Cuento - El Rescate Milagroso

Hoy, en esta isla, ha ocurrido un último milagro, uno más en la cuenta de milagros que me han tocado vivir desde que este mar embravecido condenó a muerte a todos los pasajeros y tripulantes del barco en el que viajábamos. Una condena que he sabido evitar gracias a esa serie de acontecimientos maravillosos de los que quisiera dejar testimonio antes de partir, pues hoy, después de haber estado cerca de 700 días en esta isla, finalmente ha llegado el momento de ser rescatado.


Todo comenzó con esa monstruosa tormenta que nos tomó por sorpresa y que los pocos minutos dejo al barco a medio hundirse. Una gran ola lanzo al mar a mi esposa y mis dos pequeños hijos y yo sin pensarlo me arrojé tras ellos, no podía imaginarme la vida sin ellos. Después de algunos minutos luchando por mantenerme a flote pensé en ceder y dejarme llevar hacia lo más profundo. Sobre la superficie todo era un caos, el barco pudo haberme aplastado varias veces, pues se elevaba y caía repentinamente con el vaivén de las olas, en cambio bajo el mar todo se veía tan tranquilo. Entonces ocurrió el primer milagro. Un bote salvavidas golpeó mi cabeza, y pude sentir una manos tomándome del brazo. Mi esposa y mis niños estaban adentro y aunque las imágenes que siguieron fueron todas muy difusas, solo sé que juntos me ayudaron a subir.

Cuando la mañana llegó y el mar se calmó vimos en el horizonte una isla, eso nos dio esperanzas. No quería volver a pasar una noche a la deriva. Nunca fui un hombre de mar y solo pensar en exponer a mi familia a la oscuridad, el frío o en los tiburones me hacía sentir escalofríos. El segundo milagro fue cuando la corrientes comenzó a acercarnos hacia la costa, a las pocas horas estábamos besando la arena. ¡Que hermosa sensación la de volver a tocar tierra firme!

Recorrimos la isla y no encontramos ninguna señal de que otra persona hubiese estado aquí jamás. Un nuevo milagro se dio al descubrir que esta isla nos ofrecía todo lo que uno podría necesitar para sobrevivir. Una vertiente de agua dulce resolvía el principal problema que cualquier naufrago pudiese tener, pero además encontramos una variedad de frutas y todo tipo de animales que podríamos cazar para alimentarnos.

Pasamos varias semanas organizándonos y comenzamos a vivir relativamente bien. Estar aislados en este lugar me acercó mucho a mi familia, compartíamos todo, hasta llegué a pensar: "¿qué necesidad hay de ser rescatado de este paraíso?", pero mi esposa no estaba dispuesta a vivir aislada del mundo, y así llegaron las primeras discusiones.

Durante el día nos turnábamos para recolectar comida y hacer guardia en la zona más alta de la isla, esperando ver algún barco en el horizonte. Teníamos una única bengala que había aparecido flotando entre otros objetos del naufragio y aunque no sabíamos cómo usarla o si iría a funcionar al momento de usarla, pero el solo hecho de tenerla mantenía nuestra esperanza viva.

Con el paso del tiempo, y a medida que las esperanzas de ser encontrado se iban desvaneciendo comencé a perder mi fe y necesite encontrar respuestas. Jamás había creído en Dios, pero aun así comencé a hablarle. No le pedí ser rescatado, pues me parecía egoísta pedirle algo siendo que jamás creí en él, yo sabía que él me ayudaría, no había duda que los milagros ocurridos no eran una simple casualidad.

Armé una pequeña cruz con dos troncos en la que traté de tallar la figura de cristo y por las noches la usaba para rezar, acercarme a él me dio tranquilidad. Entendí que solo está condenado aquel que no cree en Dios.

Así fue como obligué a mi familia a creer en él, pero eso solo logró alejarme de ellos. Mi esposa me acusó de estar alucinando y me llamó loco, pero ¿quién es la loca? ¿Y si esta isla es el purgatorio y todo esto que nos tocó vivir era necesario para purificar nuestras alma antes de entrar al cielo?, ¿cómo no darse cuenta que solo siguiendo el camino de Dios podríamos ser rescatados?

Hoy al despertar vi un barco a pocos kilómetros de la isla, dos botes se acercaban hacia la playa y yo supe que hoy era un excelente día para ser rescatados. Es por eso que silenciosamente me acerque a mi esposa y a mis hijos, y uno a uno fui tomándolos del cuello con mis propias manos y presionando hasta que sus almas partieran hacia una mejor vida. Pude ver en sus últimas miradas que ellos no entendieron que estaban siendo rescatados, pero yo sé que ahora están con dios.

Ahora es mi turno de partir, antes que esa vida de la que logré escapar me vuelva a atrapar, y es por eso que dejo este testimonio para que intenten entender mis acciones. Sé que será difícil de entender, pero no hay nada que ustedes pudieran haber hecho, pues nosotros ya hemos sido rescatados.

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