jueves, 15 de enero de 2015

Cuento - Actividad Sospechosa

      Ryan miró el reloj mientras hacía crecer la espuma de leche en la máquina de café. Aún faltaban cinco horas para que terminase su turno. Suspiró profundo y volvió a enfocarse en su trabajo. Apagó el vaporizador, y vertió con delicadeza la espuma sobre el café. Luego uso un palillo para dibujar la cara de un conejo enojado diciendo “Hola” sobre la superficie. Pensó que sería gracioso escribir la palabra que el hombre olvidó decir al pedir su desayuno. Entonces puso la taza sobre la barra.


El hombre, que esperaba su café con un gesto similar al conejo dibujado, miró la taza sin inmutarse, y luego miró a Ryan. Manteniendo la mirada fija en el muchacho, vacío dos sobres de azúcar dentro de la taza y comenzó a revolverlo. Tomó un sorbo, y luego de saborearlo unos segundos frunció el ceño.

—Mucha destreza y poco sabor —dijo el hombre antes de marcharse hacia la mesa que estaba al lado de la salida.

—Tenga buen día… —respondió el muchacho con una sonrisa falsa en su rostro— y váyase al demonio —susurro mientras se disponía a limpiar la máquina de café. “Siempre lo mismo, debería largarme de aquí…” pensó mientras quitaba la leche seca del vaporizador.

—Sírveme un Latte… —dijo una muchacha a su espalda.

Ryan interrumpió su tarea y resopló molesto, “¿acaso nadie tiene modales en esta ciudad?” pensó.

—Si madame, ya le preparo… —dijo irónicamente girando su cabeza hacia la joven. Al verla se quedó pasmado unos segundos, fascinado por su belleza y su modo particular de vestir. La ropa y el sombrero tipo campana que usaba le daban el aspecto de una actriz de los años 20. Un estilo extraño pero hermoso. La muchacha lo miró a los ojos y se sintió algo incomoda por la forma en la que Ryan la estaba mirando, entonces bajó su mirada.

El muchacho comenzó a preparar el Latte en silencio, pensando en las palabras que podría decir para intentar cautivarla. Se sintió un depredador pendiente de su presa. Derramó la espuma cuidadosamente dentro de la taza y dibujo un gran corazón. Entonces lo sirvió.

—Soy Ryan. ¿Eres de por aquí?

La muchacha tenía en sus manos una servilleta que doblaba y desdoblaba obsesivamente, y cada tanto miraba de reojo sobre su hombro hacia la mesa cercana a la puerta.

—¿Conoces al hombre que acabas de atender? —preguntó mientras ponía la azúcar en el café y comenzaba a revolverlo, sin percatarse del corazón hecho de espuma.

—Eh… no, nunca lo había visto.

—Me está siguiendo —dijo volviendo a mirar de reojo hacia la mesa.

Ryan se sonrió pensando que se trataba de una broma, pero la chica se veía nerviosa y parecía estar hablando en serio. Miró disimuladamente al hombre de la mesa, quien se encontraba de espaldas a la barra tomando su café y leyendo el periódico. No le pareció que estuviese pendiente de la muchacha.

—¿Quieres que llame a la policía? —dijo Ryan sacando un teléfono celular de su bolsillo.

—Shhh, pueden oírnos —susurró la joven y extendió su mano pidiendo que se lo entregue.

Ryan se quedó pensativo unos segundos y entonces se distendió.

—Ah, entiendo. Buena técnica para conseguir mi número, no se me hubiese ocurrido —dijo sonriendo y le entregó el celular sintiendo que ahora él era la presa.

La muchacha tomó el teléfono y lo metió en su bolso. Ryan notó que por dentro el bolso estaba forrado con papel aluminio.

—Efecto Jaula de Faraday —dijo la muchacha—, anula cualquier señal electromagnética. Ahora no pueden escucharnos.

—Pero… estaba apagado.

—Te escuchan igual. La CIA y la NSA. Seguramente ahora que saben que hablamos van a vigilarte —La muchacha seguía hablando en voz baja y estaba atenta del entorno.

En ese momento, el hombre que estaba sentado cerca de la puerta se paró y se puso el abrigo. Miró hacia la barra un instante y se marchó.

—Se fué, debo irme ahora —dijo la joven. Pagó el café con unas monedas y de un solo sorbo se lo bebió —Cuídate Ryan—. Sacó el teléfono del bolso y se lo entregó. Entonces se dirigió hacia la puerta, miró hacia ambos lados y se perdió entre la gente que pasaba.

Ryan examinó el celular atentamente, no le pareció notar nada extraño. Levantó su mirada y revisó uno a uno a los clientes buscando cualquier tipo de actividad sospechosa. Todo parecía normal. Volvió a mirar el reloj y suspiró una vez más. Entonces regreso a limpiar la máquina de café.

3 comentarios:

  1. La escena está acertadamente ambientada y el clima enigmático bien dado.....el final abierto da el clima necesario como para pensar y releer lo que insinua.
    Gracias y hasta pronto.
    Rak.

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  2. wenas Aldo, acabo de nominarte para los premios blogueros que me acabo de inventar xD.. pásate por mi blog cuando tengas un rato y les echas un vistazo.
    un saludo, nos leemos!
    Sergio
    http://miesquinadelring.com/2015/01/22/hook-awards/

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  3. Hola, Aldo, soy Paola, te conozco por " literautas" y me he pasado por aquí a ver lo que encontraba.
    Realmente buscaba la continuación del relato, supongo que tengo que esperar un poco más, sé que las cosas no se suelen hacer solas. Ahora, no me hagas esperar mucho!
    Enhorabuena por tu relato. Me ha encantado, y, como solemos decir, nos leemos.

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