miércoles, 15 de octubre de 2014

Cuento - Pequeñas e inocentes victimas de la Guerra

…La oscuridad se tornó gris y un agudo sonido quedó retumbando en mi cabeza. Pequeñas partículas flotantes caían desde el cielo como nieve. Con mi espalda aún sobre el piso, miré mis manos y las vi sucias de polvo y sangre, apenas si podía sentirlas. Traté de ponerme de pie, pero un pedazo de pared aprisionaba mi pierna. Usé todas mis fuerzas para quitarme el peso de encima, hasta que finalmente logré moverlo y levantarme. Todo parecía dar vueltas, ni siquiera podía mantenerme erguido.

      Me Limpié el rostro con el puño y miré a mi alrededor. Pude distinguir varios cuerpos sin vida que yacían cubiertos por los escombros. Estaban diseminados por todo el patio del colegio.
El zumbido de mi cabeza se fue calmando lentamente y pude oír una sinfonía de truenos sonando desde lo lejos, como si se tratase de pequeños terremotos. El suelo parecía sufrir con cada golpe, haciendo caer polvo y cenizas de las paredes destruidas.
Di unos pasos torpes sobre los edificios derrumbados y pude ver a un grupo de niños corriendo y jugando entre las ruinas que rodeaban el patio central. Portaban armas grandes, demasiado grandes para sus pequeños cuerpos. Para ellos todo parecía ser un juego. Uno de ellos me miró y comenzó a gritarme, pero no logré entender nada de lo que dijo.
Miré hacia el piso y vi mi fusil. Me agache para tomarlo pero algo me golpeó en el hombro lanzándome nuevamente al piso. Ardía como el fuego, pero no había dolor. Una lluvia de explosiones secas se desato repentinamente y pude sentir las balas pasar sobre mi cabeza incrustándose en las paredes destrozadas y sobre los cuerpos de los niños que jugaban inocentemente, uno a uno comenzaron a caer cubiertos de sangre. Ya estaban muertos.

2 MINUTOS ANTES…

El lugar estaba casi en ruinas. Nos habían informado de un grupo de niños refugiados bajo las paredes de lo que alguna vez habían sido un colegio, y a pesar que la mayoría de mis compañeros del equipo Delta temía que todo se tratase de una emboscada, sabíamos que salvar a los inocentes era parte de nuestro deber.
El sargento Goodman y un grupo de tres soldados habían ingresado por el otro extremo del edificio, para reunirse con nuestro equipo detrás de los baños traseros.
-¿Cuál es la situación? -preguntó el sargento ocultos detrás de una pared destruida.
-No parece haber soldados enemigos en el lugar, señor.
-¿Dónde están los niños? -volvió a preguntar, mirando de reojo hacia dentro del edificio.
-Parece que están todos dentro de un aula en el ala norte.
-De acuerdo, avancen en dirección al lugar, nosotros avanzaremos por el otro extremo y recuerden no abrir fuego bajo ninguna circunstancia. Solo si es cuestión de vida o muerte.
El sargento, reunió a su grupo y movió su posición hacia el ala sur. Entonces ordené a mi equipo avanzar por el patio central.
Nos lanzamos corriendo cabizbajos, y vimos a un par de pequeños parados bajo la entrada del pasillo. Vestían una túnica larga y negra, y se veían sucios y desnutridos. Esa imagen me hizo pensar en cómo la guerra no tiene escrúpulos, y que solo los más fuertes sobreviven.
Hice señas a Anderson y Williams para que fuesen en busca de esas pequeñas e inocentes víctimas, atentos de que el enemigo no abriese fuego, pero ni bien mis compañeros se acercaron a los niños, estos abrieron sus vestimentas y entonces, todo se tornó oscuridad…

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